Vivimos en una situación que pone a prueba nuestra salud por lo que es bueno repasar ciertas premisas acerca de la salud. 

La salud es un estado de equilibrio de nuestro cuerpo y de nuestra mente que se refleja en ausencia de dolor físico y ausencia de malestar psico-emocional.

Lo interesante es que la salud está en nosotros hasta que la perdemos. Tu cuerpo está, ahora mismo, realizando muchísimas funciones que, aunque tú no puedas percibir, mantienen en equilibrio tus órganos; tu corazón está latiendo con un ritmo armónico que permite impulsar, hasta todas tus células, el oxígeno y los nutrientes que necesitan.

Tus pulmones están recogiendo oxígeno del ambiente que además, ahora, es más rico en oxígeno de lo habitual debido a la escasez de gases que contaminan el aire.

Y también tus riñones, tu hígado, tu páncreas y todos los demás órganos están tocando una bella partitura armónica cuya música puedes oír en cada paso que das, en cada palabra que dices o en cada sonrisa que regalas a quien te mira.

El equilibrio interno en tu cuerpo es natural y se produce cada instante. Gracias a tu energía vital que te da fuerza y que ordena y dirige todas las funciones, puedes disfrutar, hoy, de esta maravillosa música que es tu vida.

Cuando decimos que estamos enfermos significa que hemos perdido, por unos momentos, nuestro estado natural de equilibrio.

Veamos los dos factores que pueden hacernos perder este equilibrio porque así entenderemos mejor cómo mantener un buen estado de salud.

Equilibrio interno:

El equilibrio interno es la música de esta orquesta maravillosa cuando todos los órganos de tu cuerpo interpretan la misma partitura. El director de orquesta eres tú y es tu consciencia la que dirige la armonía de todos los órganos para que interpreten, juntos, la misma partitura.

¿Cómo podemos mantener el equilibrio interno? Es muy sencillo y ahora, mientras estás en casa estos días de reclusión forzada, puedes aprovechar para recuperar tu equilibrio interno.

Las funciones del cuerpo se equilibran y armonizan mientras descansas y reposas, tanto a nivel físico como a nivel mental. El estrés, que es miedo, no permite este descanso de tu mente y de tu cuerpo porque genera unas sustancias  que te mantienen en tensión y en demasiada actividad.

Además estas sustancias, entre las que se encuentra la cortisona, reducen tus defensas impidiendo que tu sistema inmunitario pueda ejercer su protección ante cualquier agente externo que suponga un desequilibrio en tu cuerpo.

Cuando das reposo a tu mente el cerebro recibe sustancias como la dopamina y la oxitocina que te hacen sentir alivio, bienestar y alegría. Entonces todos tus órganos tocan al mismo tiempo la misma partitura.

La serenidad y el silencio llenan tu cuerpo de sustancias cuyo efecto es la dicha, la esperanza y la seguridad.

Así conseguirás recuperar tu equilibrio interno cada vez que esta o cualquier otra situación amenacen tu BIEN ESTAR.

Equilibrio externo:

Para mantener el estado de salud, que es natural, necesitas que tu ambiente externo también tenga buena salud. Tu ambiente externo está compuesto por el aire que respiras, los alimentos que ingieres y por la información que dejas que entre desde el exterior. Vamos a ver estos tres componentes del ambiente externo y cómo influyen en tu salud.

El aire que respiras, lejos de ser una amenaza como están haciéndote creer en la televisión, es el aire más limpio y sano que quizás hayas respirado en toda tu vida gracias a la ausencia de gases que producen los aviones. Agradece este aire limpio y lleno de oxígeno que permite que tus células se oxigenen, puedan hacer sus funciones y puedan mantener tu equilibrio interno.

Aprovecha estos días para ejercitar tu respiración consciente: conseguirás calmar tu mente y oxigenar mejor tus células potenciando así esa maravillosa orquesta compuesta por tus órganos para que haga sonar tu mejor canción.

Los alimentos que consumes no habrán cambiado demasiado de los que ya consumías; puedes aprovechar ahora para generar un nuevo hábito que contribuya a mantener un buen estado de salud: prepara legumbres, si puede ser ecológicas; no son caras en absoluto y son muy energéticas y sanas porque contienen los nutrientes necesarios en la cantidad adecuada.

Come frutas y verduras y aprovecha para hacer algún pequeño ayuno como saltarte una comida. No comas en exceso y disfruta de las comidas que más te gustan comiéndolas despacio y agradeciéndolas.

La información que dejas que entre desde el exterior… fíjate que en esta frase no digo “la información que te llega del exterior” sino “la información que dejas que entre desde el exterior”. Sí, antes de este obligado encierro también eras tú el que permitías la entrada de la información que te llegaba desde el exterior pero ahora, quizás, es más importante poner atención a esto.

La televisión puede añadir más ansiedad y estrés, con sus imágenes de dolor y sufrimiento, a la ansiedad y estrés que el mismo encierro pueden generar en tu interior.

Mira la televisión lo justo o mejor, no la mires: comprobarás que mejoras enseguida porque las noticias que están dando ahora cuentan una verdad sesgada y llena de emociones que bajan tu energía. Date cuenta de una cosa sencilla y esencial… están contando una gripe en directo mostrándote, caso a caso, imágenes de muerte .

Esto lo hacen porque los medios de comunicación quieren que tú te sientas de una forma determinada para que estés generando una cifra más con la que engordar su audiencia y sus ganancias; tú salud no les interesa porque si fuera así no te invadirían, continuamente, con imágenes que añaden más dolor a tu situación, ya dolorosa, de pérdida de libertades fundamentales.

Si ves la televisión ahora estarás generando más problemas de desequilibrio interno que llegarás a sentir en un futuro. Sí, porque si ves la televisión en exceso, cuando pase esto, recordarás esas imágenes, que ahora estás grabando en tu memoria, por verlas repetidas cada día y, cuando te vayas a dormir, sentirás ansiedad y un sueño agitado.

No veas la televisión y observa como tu ansiedad disminuye.

Y ahora voy a compartir contigo algo que también llevo haciendo estos días; yo lo llamo “la vacuna contra el virus del miedo” porque el miedo mata, con sus pandemias de soledad, estrés crónico y falta de sentido vital, a muchas más personas que la gripe .

Si aplicas estos sencillos actos durante estos días estarás evitando muchos efectos secundarios del miedo que, como siempre suele hacer, se oculta para no dejar de existir.

Un componente de esta vacuna es la “llamada empática”. A mí me está ayudando mucho el llamar a ciertas personas con las que hace tiempo que no hablo para preguntarles qué tal se encuentran. Dejo de pensar en mi dolor y siento que, en gran parte, desaparece. y, además, cuando me ofrezco como apoyo a los demás… noto que me sube la energía.

Es verdad que nuestro ambiente externo, reprimido ahora de manera brutal y cuestionable, es salir a la calle para ver y hablar con nuestros vecinos (tenemos miedo incluso de saludar a quien nos encontramos), abrazar a nuestros amigos, besar a nuestros padres y acariciar a nuestros hijos… esto lo podremos hacer cuando volvamos a salir a la calle o, mejor..¿por qué no seguir haciéndolo ahora?… verás: 

Podemos llamar a nuestros padres y acariciarlos con nuestras palabras diciéndoles: “Es solo una gripe y, aunque es verdad que todos los años muere gente por la gripe, este año pasará lo mismo que los demás, por mucho que la tele quiera impresionarnos” “Sobre todo no te preocupes, estamos bien y seguiremos estando bien” “¿Sabes que te quiero mucho?”.

Otro componente de la vacuna es este…

Piensas en una persona a la que quieres o que te caen bien y escribes en un papel tres cosas que agradeces por haberla conocido. Luego la llamas por teléfono, la saludas, le preguntas qué tal está y, cuando haya acabado de hablar, le dices que la llamas para agradecerle… y aquí añades estas tres cosas que has escrito.

Si te da las gracias por haberla llamado, pídele, que por favor, no desactive la vacuna y que haga ella lo mismo con otra persona.

Si hiciéramos una cadena de agradecimiento estaríamos consiguiendo que todas esas personas a las que les llega agradecimiento disminuyeran su sensación de dolor en más de un 30 %, se sintieran acompañadas y queridas en una situación de terrible aislamiento y estaríamos generando la vacuna contra el virus del miedo.

Con estos sencillos actos previenes el daño que esta situación puede generar en ti ahora y en un futuro y además previenes también el daño que este “miedo impuesto” pretende dejar como secuela en la mente de tus seres queridos. 

Ahora que estamos sufriendo el ataque, seguiré compartiendo más componentes de esta maravillosa vacuna que puede prevenir los enormes daños de un virus, el miedo, que produce desesperanza, aislamiento, pérdida del sentimiento de comunidad y otros muchos síntomas que todos sentimos a veces por pertenecer a una sociedad que está enferma, es decir, que ha perdido sus equilibrios.

En resumen, el ambiente interno depende de ti porque tú eres el responsable de permitir, con tu descanso y con tu buena alimentación, que tus órganos funciones correctamente.

El ambiente externo también depende de ti porque tú puedes elegir la información que te llega del exterior y la importancia que le das a cada situación que vives.

Puedes elegir, cada instante, la salud natural que es lo que te mereces y tu verdadera herencia y puedes compartirla con quienes, hoy más que nunca, te abrazan, te besan y te acompañan con su amor a través de sus palabras y de sus pensamientos.

Porque en realidad… estamos todos unidos pasando la misma situación y sentir esta unión es otro componente de la vacuna.

¿Se te ocurre a ti algún otro componente de la VACUNA CONTRA EL VIRUS DEL MIEDO? Si es así, déjame decirte, como farmacéutico, algo acerca de los componentes de esta vacuna: SOLO FUNCIONAN SI SE COMPARTEN

Por eso te pido que los compartas, bien aquí para que llegue a otras personas o donde estás y con quienes te comuniques durante estos días.

Muchas gracias y que pases un buen día

 

 

 

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